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Escritura y Tarot

Este cuento surgió de un grupo de aficionados a la escritura. Para la ocasión usamos unas cartas (en concreto el Oracle of the Essences) como guía para crear un cuento: cada carta representa, por este orden, la descripción del protagonista, el obstáculo a superar y el camino a la solución.

La historia resultante -cómo no- está relacionada con la Terapia corporal-emocional.



La Custodia





Cassia era la reina en su mundo de libros. Bueno, lo cierto es que no lo era pero así se sentía cuando estaba allí, en la biblioteca del palacio, rodeada de miles de volúmenes que contenían toda la sabiduría del mundo. Desde muy niña se había empapado del conocimiento que en ellos había y era altamente respetada por los habitantes de todo el reino. En realidad así debía de ser porque ella sería la siguiente custodia de la biblioteca, al término del tiempo del custodio actual que era su abuelo Alexandre. Éste tenía claro que Cassia estaba intelectualmente preparada, aunque le faltaba la última prueba que todos los custodios tenían que superar y que llegaría -como no podía ser de otra manera- a su debido tiempo.

Esta prueba llegó cuando Alexandre, que siempre había gozado de muy buena salud, cayó gravemente enfermo. Los mejores médicos del reino fueron convocados pero ninguno pudo encontrar un remedio y el pronóstico dejaba apenas unas semanas de vida al anciano. El dolor era demasiado grande para que Cassia aceptase el fatal destino de su abuelo, por lo que entró en la biblioteca decidida a no salir hasta que encontrase una solución. Al cabo de tres días y tres noches de incesante búsqueda, obtuvo su respuesta y, con el corazón lleno de alegría, fue corriendo a anunciárselo a su abuelo y a los médicos que lo cuidaban.

- La cura -les dijo- es una rosa invisible que crece exclusivamente en el reino vecino.

La elección de la persona que iría a buscar dicha rosa desató una discusión que sólo fue zanjada por el mismo Alexandre, el cual comunicó que Cassia era la elegida puesto que ésta era la prueba que decidiría si podría ser custodia de la Biblioteca o no. La informó, además, de que en el reino vecino nada era lo que parecía y que el conocimiento adquirido hasta ahora no le serviría.

Cassia no se amedrentó en absoluto. Dio un beso a su abuelo y, ansiosa por dar con la cura, llenó un macuto con unas pocas provisiones, se montó en su caballo y abandonó rápidamente el palacio.

El camino se le hizo algo largo y solitario. No había pasajeros, ni vegetación, ni animales salvo por un águila que sobrevolaba su ruta y que así permaneció durante los seis días que duró el viaje. El ave se mantenía siempre algo adelantada, y Cassia acabó por pensar que la estaba guiando.

Cuando llegó, por fin, al reino vecino, lo primero que notó es que no estaba amurallado. Un bosque, o mejor dicho, un inmenso jardín era lo que se extendía ante ella. Lo que podía ver era una miríada de árboles y plantas de preciosos colores. Y no solo la vista era abrumadora sino también el perfume que se desprendía del grandioso vergel. Entonces, por primera vez, el águila disminuyó en altura y se posó en un árbol cercano a la joven. Ésta, intentando decidir por dónde entrar al jardín de la forma más rápida posible, tomó el gesto del ave como una indicación y se acercó a donde estaba, descubriendo en el tronco del árbol una inscripción:

“ En el reino de los sentidos el corazón es el rey.

Los errores se pagan y los aciertos también.”

Arreó a su caballo y se adentró en el jardín, con el Águila vigilándoles desde lo alto aunque ahora unos metros más atrás.

Se admiraba de las flores, a cada cual más bella y decidió continuar a pie, para poder verlas de cerca. Una llamó su atención, era la flor más hermosa que jamás había visto y se dispuso a tocarla. El Águila, en lo alto, chilló. Cassia miró hacia arriba brevemente, para luego bajar la vista y acariciar la flor. Al notar que sus ojos ya no podían ver el desconcierto se apoderó de ella y, al poco, el terror. Lloró y gritó y su pecho dolía, pues se veía muy desvalida para proseguir con su cometido. El Águila, viéndola en ese estado, voló cerca de ella y el aire que movieron sus alas acarició el rostro de Cassia. Esto fue suficiente para que la chica recuperase la claridad, si no en sus ojos, sí en su recuerdo de lo que había venido a hacer y se puso de nuevo en marcha. Esta vez con más tino, se propuso.

Decidió entonces guiarse por su olfato. Avanzaba así, acercándose a las flores y árboles cuyo olor le resultaba más dulce. Aún estando ciega, notó cómo la vegetación se hizo menos densa y se alegró, pues su tarea, pensó, se haría más fácil. Siguió orientándose así, hasta que percibió un olor diferente a todos los demás. Este olor la embriagaba y no pudo resistirse a tocarla. El Águila chilló en el cielo otra vez, pero Cassia estaba ya bajo el influjo de la fragancia y no prestó atención. Al tocar la flor, perdió esta vez Cassia el olfato. Si antes el dolor fue grande, ahora fue insoportable. Había perdido parte de sí, y dos herramientas valiosísimas. Pero había aprendido de la vez anterior y no se hundió sino que siguió adelante. Se guiaría por el sonido esta vez.

Pidió ayuda al Águila, rogándole que volase cerca de ella y así poder aprender a escuchar el viento. El Águila accedió. Al poco, podía escuchar y guiarse no sólo por el ave si no por el viento que batía en las hojas de los árboles. En unas horas fue capaz de desplazarse por el jardín sin tropezar con nada. No solo adquirió esta destreza, sino que empezó a escuchar cómo hablaban las plantas. ¡Había tanto ruido! Estaban desesperadas por ser escuchadas y gritaban todo lo que podían. Si se acercaba a escucharlas individualmente, todas le decían que eran la Rosa invisible. Y, después de horas de escuchar lo mismo, volvió a perder la fe y lloró otra vez. El caballo se acercó a ella y Cassia lo abrazó. La chica, que nunca había estado tan desconsolada, apreció más que nunca su compañía y ayuda y sintió un amor inmenso por el animal. Llamó entonces al Águila, queriendo agradecerle lo que había hecho por ella y le pidió que se acercase para abrazarla también.

- No puedes, dijo el ave. No puedes tocar nada de este reino a no ser que superes la prueba.

- ¿Cómo es que te puedo escuchar? - dijo Cassia.

- Puedes escuchar a las plantas … y por supuesto que me puedes escuchar a mi … porque escuchas con todo tu cuerpo.

- ¿Porqué me has seguido desde mi reino? - quiso saber la chica.

- Tu abuelo es un viejo amigo, y yo siempre sé cómo está. Quería asegurarme de que llegabas al jardín, pues Alexandre necesita su cura. Y ahora, por favor, sigue con tu tarea.

Cassia agarró las riendas del caballo y siguió andando. Podía moverse con facilidad, podía escuchar a las plantas … pero ¿cómo podría encontrar la Rosa invisible? Al hacerse la pregunta, algo dentro de sí se desplegó. Sentía una seguridad que no había sentido nunca. Andaba y según lo hacía y escuchaba el discurso de las flores sabía al momento si eran sinceras o no. Sabía si estaban dispuestas a ayudarla o no, si tenían buenas o malas intenciones y, al sentirse tan confiada, se atrevió a ordenar que se le mostrase el camino a la Rosa invisible. Otra vez, al formular la orden algo más se abrió dentro de ella. Su corazón parecía que se hiciese más grande y sentía que iba a estallar de amor. Ahora el parloteo de las plantas se disipaba en el aire y Cassia avanzaba instintivamente hacia la Rosa invisible. Fue fácil saberlo, el sentimiento era tan puro y sosegado al mismo tiempo que no tuvo dudas. Extendió la mano y acarició al Águila. Al hacerlo, recuperó sus sentidos. Miró al frente y se sorprendió porque el Águila no estaba. En su lugar, un joven la miraba tranquilo y sostenía un pequeño frasco con un líquido. Cassia, sabiendo que era el Águila, lo abrazó con todo su corazón.

- ¿Quién eres? ¿Y porqué estabas convertido en Águila todo este tiempo?

- Soy Niri, uno de los médicos del Reino de los sentidos.

- Y si sabías del estado de mi abuelo y tenías el remedio, ¿porqué he tenido que venir yo mientras su vida corre peligro?

El joven sonrió.

- Nuestras familias son amigas desde tiempos inmemoriales, hecho que se te ha ocultado porque tu abuelo, sabiendo su destino, arregló hace muchos años esta prueba para ti, a la que yo accedí encantado siendo todavía un niño.

- Y la Rosa invisible, ¿dónde está?

- En este frasco. Aunque la Rosa invisible no existe como tal sino que es el extracto de todas las rosas del jardín. Esto sanará a tu abuelo. Y ahora, si no tienes más preguntas, te acompañaré otra vez en el viaje de vuelta.

Y así, los dos regresaron juntos al reino de Cassia, donde Alexandre los esperaba.

- ¡Cassia, querida, cuánto te agradezco lo que has hecho por mi! Has superado la prueba y cuando llegue mi hora, serás la nueva custodia. Además ¡has encontrado a Niri! Al haber sido capaz de confiar en ti y reconocerlo con tu corazón, has ganado no solamente la sabiduría que te faltaba sino un gran compañero de viaje. Disfrutadlo.




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